Familia Adoratriz

Nuestro carisma es un don de Dios que compartimos con otros: laicos, familiares, destinatarias, voluntarios, bienhechores… Ellos enriquecen nuestras comunidades y proyectos y nos ayudan a vivir como Familia el carisma Adoratriz.

Algunos laicos se sienten implicados vocacionalmente con la Misión Adoratriz, leen su vida de seguimiento a Cristo sintonizando con la vida y ejemplo de Santa María Micaela. Con ellos bebemos de la misma fuente que se nos ha dado gratuitamente: el Carisma Adoratriz. Caminar juntos en Misión Compartida supone crecer en la conciencia de ser llamados y enviados por Jesús a anunciar que la liberación es posible. Es una experiencia que nos hermana, entretejida de afectos y amistad, que da nueva fuerza e impulso a la Congregación y acrecienta el sentido de familia. Requiere en Hermanas y Laicos docilidad al Espíritu, una formación gradual y específica en la espiritualidad Eucarístico-Liberadora, valorar la complementariedad y abrir nuevos canales de participación en la Misión Adoratriz. La Misión Compartida a la que el Espíritu nos empuja nos compromete a nivel personal y comunitario a realizar procesos de conversión y transformación, a abrir nuestra mentalidad y aprender a poner en común con ellos la riqueza de nuestra espiritualidad.
Los otras personas que están o trabajan con nosotras, han de seguir siendo acompañados e invitados a vivir este desafío del laicado en Misión Compartida en la Congregación.
Damos gracias a Dios por tantos laicos y laicas comprometidos que aman la Congregación.